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Lo más fácil sería empezar de nuevo, eso de “borrón y cuenta nueva”, situar el año cero de tú existencia aquí porque a ti te apetece y te hará sentir mejor.
Sería como hacer un enorme tachón en un folio para no leer nada de lo anteriormente escrito. Guardar todas las lágrimas derramadas en una cajita, por pocas que sean, cerrarla con llave y tirar dicha llave en mitad de una carretera abandonada, polvorienta. Empaquetar las rabietas y enfados innecesarios y enviarlos por correo a las antípodas, con el deseo de que alguien que no seas tú se sienta tan desgraciado como te sientes en este momento. Extraer de la mente el concepto erróneo del amor, ese amor idealizado que se refleja en tus libros y que no tiene nada que ver con el amor de la vida real, meterlo en la taza del váter y tirar de la cadena, contemplando hasta el último giro que dé en ella. Despedazar los sentimientos, cortarlos en pedazos, tirarlos dentro de un volcán para que ardan.
Una vez así, desprendido de la capacidad de sentir y de sufrir, sentarse al sol y en soledad en un columpio de madera y balancearse en él hasta marearse, contemplar las nubes que viajan de un lado a otro e identificar una con forma de conejo y otra con forma de corchea. ATARAXIA beldur, min eta kezkarik eza.
Este frío no me deja pensar con claridad. No puedo respirar por la nariz ni escuchar bien. Me cuesta abrir los ojos. Mi cuerpo y mente piden a gritos una larga sesión de cama y descanso.El fin de semana se ha acabado tan rápido como ha llegado, un fin de semana con sabor agridulce, pero más dulce que agrio.
Paracetamol eta ohera.Enough for today
La luz y blancura de la nevera le dañó los ojos. Estaba vacía y no le quedó más remedio que escoger entre beberse un zumo de dos naranjas exprimidas a mano o un vaso de leche desnatada que finalmente decidió reservar para el desayuno.
Cenar no le llevó más de diez minutos, fregado incluido, y se metió en la cama con el fin de madrugar para poder colorear su nueva nevera con comida de verdad.
Ya soy cuatro CDs y casi un libro más pobre, o más rica, según por dónde se mire: más pobre económicamente, más rica culturalmente. Digo casi-un-libro porque finalmente no me lo compré, y no por falta de ganas sino por falta de presupuesto. Y es que también soy una entrada de concierto más pobre, aunque mi satisfacción le gana la batalla al dolor de bolsillo.
Concierto de Russian Red
en el Victoria Eugenia a las 20:30
¡Y YO ESTARÉ ALLÍ!
Y mañana... VIERNES DE EXCURSIÓN!
Un recinto cerrado lleno de libros, discos y demás material cultural y yo con dinero en el bolsillo. Esto promete...
Las malas experiencias condicionan nuestras vidas. He aquí una mierda de ejemplo que se me ha ocurrido mientras me aburría infinitamente durante la clase de filosofía:
Un niño de unos siete años mete el dedo índice de la mano derecha en una pecera de pirañas y, como es lógico, una le muerde.
Ese niño crecerá y se convertirá en un adolescente, un adolescente que evitará las visitas escolares al aquarium y el posible viaje de estudios a algún país exótico por miedo a las pirañas, aunque como Salou no tiene nada de exótico (que es donde vamos todos con dieciséis años) no hay problemas.
Ya no es un adolescente, sino un hombre más o menos hecho y derecho de unos treinta años que tiene el placer de vivir con su pareja tan ricamente. Parece que su vida ha encontrado la estabilidad que tanto ansiamos. Pero no. Un día cualquiera, a Ana –la compañera sentimental de nuestro querido protagonista- se le antoja que quiere una pecera de pirañas para el salón de casa.
El desenlace se resume en: una gran discusión, la marcha de Ana y, lo que es peor, la pérdida del home cinema. Y vuelta a empezar de nuevo, en busca de la estabilidad perdida.
P. D.: la historia al principio iba de perros, pero me ha parecido más divertido lo de las pirañas.
Sí, has malgastado unos miserables minutos de tu vida leyendo esta basura fruto de mi aburrimiento y mi no-original imaginación. No, no tengo ni p*** idea sobre la filosofía de San Agustín. Necesito vacaciones urgentemente.
Tranquilos, he sobrevivido.